Fusiones y ONG’s

Cuando las cosas no vienen muy bien dadas son momentos de fusiones. Aunque también son momentos de escisiones. En definitiva, son momentos de cambios, incertidumbres.

El efecto inmediato  de las fusiones es el ahorro de costes: reducir el número total de personas que trabajan (ya no hacen falta dos consejeros delegados en la fusión de Antena 3 y La Sexta, ni dos directores financieros, supongo que sobran muchos comerciales), uno es más poderoso delante de los clientes y, por lo tanto, se podrá vender más  caro, se generan economías de escala. El motivo de la fusión es económico, del cliente y de los empleados ni se habla.

Muchas de las fusiones acaban mal, como las guerras; hay unos que son los vencedores y otros los vencidos. Y a largo plazo los socios empiezan a pegarse de patadas entre ellos, uno compra la participación del otro. El comprador se endeuda tanto que finalmente tiene que vender una parte de la empresa. Y vuelta a empezar. Oye, ¡qué rollo!

Hay un negocio que creo que debería optar por fusionarse: las ONG’s.  Creo que hay demasiadas y eso no tiene demasiado sentido común. La principal función de la ONG empieza a ser la captación de fondos porque de ella se deriva la posibilidad de hacer cosas. Y hay tantas ONG’s que la competencia es muy dura.

Hablar de competencia en este sector me da mal rollo. Creo que las ONG’s deberían ser lo más eficientes posibles y que en vez de haber cientos estaría bien que hubieran treinta, es un decir. Ahorrarían mucho dinero en personal, en marketing y en otras cosas que no son el servicio básico: ayudar a los desfavorecidos.

No paramos de pensar. ¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Ministerio de aprender a vivir

Gracias a María José y Lola fui a visitar a Carmen Calvo, la ex ministra de cultura y ahora Presidenta de la Comisión de Igualdad. Una mujer muy extrovertida, educada, encantadora.

Nos pusimos a filosofar y le sugerí que siendo importante eso de la Igualdad creía que el principal objetivo del Gobierno debería ser la felicidad de los ciudadanos. Y que por encima del PIB y la renta per cápita, el Gobierno debería dedicar recursos a ayudarnos a aprender a vivir.

Si aprendiéramos a vivir, seríamos más solidarios, nos sentiríamos orgullosos por ello y no permitiríamos que otros como nosotros tuvieran que ir a Cáritas a pedir que les den de comer. Si aprendiéramos a vivir habría menos jefe y empresario preocupado por el cuánto y no por el cómo.  Si alguien nos enseñara a vivir la sonrisa prevalecería sobre el cabreo y la crisis nos haría recapacitar a aquellos que tenemos más de lo que necesitamos, en vez de volver una y otra vez a caer en las mismas miserias. Si aprendiéramos a vivir, en definitiva, sabríamos mejor el significado de la palabra amar.

Carmen asintió y llegó a decir que quizás ese fuese una de los principales debes del socialismo: enseñarnos a vivir.

Todos sabemos dónde acaba nuestra fugaz y personal historia y aún así nos empeñamos (sí, también he sido abducido por las fauces de la estupidez) en ser tan soberbios que no paramos de mirarnos al puñetero ombligo todo el santo día.

En aprender a vivir está el verdadero progreso.

Viva el Partido del Sentido Común. Nosotros sí pondremos un Ministerio de Aprender a Vivir.

“En el mismo acto de dar, experimento mi fuerza, mi riqueza, mi poder. Tal experiencia de vitalidad y potencia exaltadas me llena de dicha. Dar produce más felicidad que recibir, no porque sea un privación, sino porque en el acto de dar está la expresión de mi vitalidad”

El arte de amar –  Erich Fromm.

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Frases prohibidas (sin sentido común): “Te lo digo yo.”

¿Te has dado cuenta que hay un montón de frases que dificultan el entendimiento entre las personas? Son frases o expresiones que deberían estar prohibidas, frases sin sentido común.

Iré proponiendo algunas, dime si se te ocurre alguna a ti.

Por ejemplo,  “Te lo digo yo”.

Véase esa conversación en la que dos o más personas no están de acuerdo entre sí. Cada una de ellas argumenta sus puntos de vista de forma reiterada, sin novedad sobre la primera, segunda y tercera argumentación. La principal novedad es la pasión, la forma encendida de decir las cosas. Erre que erre, un bando y otro dice esencialmente lo mismo una y otra vez.

¿El tema? No importa. Puede ser algo tan trascendental como saber si Cristiano es mejor que Messi o algo más ligero relacionado con la educación de los hijos. Unos y otros son expertos en fútbol y psicología. Como los tertulianos de la radio… expertos en lo que les echen.

Y súbitamente aparece el argumento devastador, el que supuestamente va a permitir que la balanza se incline hacia uno de los contendientes: “Cristiano es mejor que Mess, te lo digo yo” o “tal y tal es un ladrón, te lo digo yo”, o “a los niños hay que tratarles dándoles cachetes, te lo digo yo”, “el cambio climático va a acabar con el planeta, te lo digo yo”, “los albano kosovares son muy generosos, te lo digo yo”…

El que ha dicho “te lo digo yo” respira  profundamente, lo ha dicho él o ella y eso es suficiente. Se solaza y regodea solito. Ha dicho lo que todos esperábamos, “lo ha dicho él”. El resto de los que hablaban y utilizaban como podían sus argumentos, se miran unos a otros. La batalla está perdida. Tratan de recomponerse y saber cómo atacar tan brillante estrategia, pero sucumben.

Habrá que cambiar de tema, empezar de nuevo y confiar a que haya mejor suerte.

Otros – entre los que me encuentro – se descojonan y salen huyendo por la puerta.

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Juan Carlos tiene sentido común.

Soy de aquellos que no le gustan las monarquías pero que, en cambio, estoy encantado con la nuestra. No soy monárquico porque me da un tufo infantil eso de llamarle a una persona Rey y que sea un cargo hereditario con el que  los súbditos (no me apetece nada serlo) nos jugamos tanto.

Soy juancarlista y me da la impresión que también seré felipista (de Borbón que también de González).

Juan Carlos parece una persona con sentido común, ojalá Rey o como quieres que te llame, te apuntes a nuestro partido.  El discurso de Navidad del Rey fue una buena bronca para los políticos, creo que Juan Carlos sirvió de altavoz a lo que la gran mayoría pensamos: “Dejaros de rivalidades y trivialidades. Queremos que trabajéis con sentido común y en una misma dirección. Uno puede pensar de diferente manera de otro, pero no es necesario que paséis tanto de nosotros . No nos parece bien que lo único que os interese es el voto y que no trabajéis para lo que se os ha votado.”

JC se permitió decirles que ya lo había repetido muchas veces y se mostró exasperado y cansado. Como tú y como yo. Y como aquél otro.

Y como todos los que queremos que prevalezca el Partido del Sentido Común. ¡Viva Juan Carlos! ¡Viva el Partido del Sentido Común!

Puedes visitar la página web de JC en www.casareal.es

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Los padres. Los jefes.

Hay muchos padres y madres que habiendo obtenido de sus hijos un resultado negativo en forma de niño o niña coñazo, insufrible, inadaptado justifican su posible inoperancia con la siguiente frase: “no debemos ser tan malos padres porque el mayor nos ha salido muy educado y muy listo. Ha sido la misma educación y las mismas oportunidades para los dos. Así pues…” (y se lavan las manos a la par que levantan los hombros)

Seguro que conoces a uno o más padres que argumentan esto o quizás tú seas uno de ell@s. O quizás conozcas o seas uno de los jefes que aplican este mismo argumento para sus subordinados.

La misma educación, el mismo lenguaje, las mismas oportunidades, la misma mirada, la misma técnica de motivación. Lo mismo para todos los hijos, lo mismo para todos los subordinados.

Prefiero la inseguridad que proporciona la diversidad, la rica indisolubilidad del ser humano. Aunque  cada hij@,  cada compañer@ se convierta en un reto nuevo y con el que no siempre se acierta.

Fallo más que una escopeta de feria. Seguiremos intentando.

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Un millón

Conseguir un millón de visionados en You Tube no debe ser  fácil. Supongo que algo tiene que tener una pieza audiovisual para que haya sido vista  por tantas personas, habiendo todo lo que hay que ver.  No soy capaz de terminar de ver  algunos de los vídeos de más de un millón de lo infumables que son a mi modesto juicio (que no para otros muchos), hay otros que son bonitas obras de arte.

Lo maravilloso de esto es que a unos y a otros (los infumables y las bonitas obras de arte) los sueles llegar a descubrir  gracias a un amigo, a alguien que te envía una recomendación para que veas algo que a él o ella le ha gustado. Ese fenómeno por asentado que esté ya en nuestras vidas, me parece aún un producto de la fantasía o de una imaginación verniana.

Recomendar un vídeo con muchos más de un millón de visionados (sumando las diferentes versiones); eso es lo que ahora hago con este vídeo que en mi caso debo a un buen amigo, que lo es desde la más tierna infancia. Gracias Cuco.

http://www.youtube.com/watch?v=kckeoENihKM

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Disfrutar o quejarse

Una vez le pregunté a una masajista que intentaba quitarme una contractura si creía que por lo general los clientes a los que trataba eran felices.

-          No  – me respondió con seguridad.

-          ¿Por qué crees que son infelices? – la inquirí.

-          Fundamentalmente porque se quejan. La mayoría de mis clientes se quejan, aunque en realidad no tengan razón para ello.

Me pareció que su análisis sociológico encerraba una gran verdad.

Fíjate en algunas personas a las que les va de maravilla, lo cual debería ser motivo de alegría para todos.

-          ¡Qué bien te va! ¡Eres un afortunado, qué suerte! – podrías decirle a la persona a la que las cosas le van sobre ruedas.

En vez de reconocer su fortuna, compartirla y disfrutarla… nos encontramos con lo siguiente..

-          No te creas. Esto se consigue con mucho esfuerzo. Hay que pagar las nóminas y la cosa está muy difícil. No sabes por dónde puede venir el problema.

-          ¿El problema?

-          Sí, no puedes relajarte ni un minuto. Hay que estar atento a todo, si no pueden venir los problemas.

-          Yo creía que tenías una empresa que te iba bien.

-          Sí, eso es.

-          Anda que si te llega a ir mal. Eres gilipollas.

Está también ese familiar o amigo al que todo le cuesta un montón. Parece que le cuesta un mundo reconocer que alguna tarea que ha hecho ha sido realizada con placer. Reconocer que disfruta sería un signo de debilidad imperdonable. Hay que competir por pasarlo mal, supongo que para dar pena o así estar en condiciones de exigir al cónyuge o al compañero de piso..

-          ¡Qué buena estaba la comida!

-          Pues bien que me ha costado hacerla.

-          Creía que te gustaba cocinar.

-          Bueno, bueno, déjate. Que cocinar no es tan fácil.

-          ¿?

Esta gente en permanente tensión me resultan estúpidos (se han daño a sí mismos y sobre todo a los que les rodean) y nocivos. Prefiero lo contrario, aquellos que dicen que siempre están bien y disfrutan con sólo respirar.

Viva el Partido del Sentido Común

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Megalomanía

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Imagínate a un chaval de León al que unos artistas (del cine y la canción) de pensamiento progresista consiguen aupar con sus influencias  a la secretaría general del PSOE. El chaval de León, que es verdad que despuntaba, pasan unos pocos años y su adversario decide suicidarse y ¡cojo…! se convierte en Presidente del Gobierno.

Imagínate a un chaval de Valladolid que le pasa tres cuartos de lo mismo y en una segunda legislatura consigue que la mayoría del pueblo le vote. Ya puede hacer en el Parlamento lo que le salga de la punta de la nariz.

O imagínate a un ejecutivo que le hacen Presidente de una empresa y todo el mundo empieza a hacerle la pelota como loco.

Ni soy un chaval, ni soy de León ni de Valladolid, desafortunadamente no voy a ser Presidente de Gobierno (bien me gustaría) ni tampoco Presidente de una gran empresa (eso me gusta mucho menos).

Me gustaría saber qué es lo que les pasa por la cabeza.

A estas personas aparentemente tan poderosas creo que se les olvida su fragilidad (la propia de los humanos. Afortunadamente,  la vamos a palmar todos) y quizás verse tantas veces en la tele, tanta gente rodeándoles y sonriéndoles, tanto militar cuando bajan del avión y tantos periodistas gráficos cuando se van a reunir, les haya trastornado.

Quizás pienses que a ti no te pasaría ¿o sí? Lo que le pasa a esta gente tan a menudo se llama megalomanía. Y sólo tiene una cura según receta del Dr. Sentido Común: Combinación de humildad 24/7/365 y más escuchar y menos hablar 24/7/365

Viva el Partido del Sentido Común.

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Talento

Creo que una de las expresiones más patentes del sinsentido común de una empresa sucede cuando las personas que participan en ella se sienten inútiles porque su capacidad para ayudar a hacer mejor las cosas es nula o muy limitada.

Se trata, por tanto, de una paradoja triste y ridícula: la empresa paga para que la persona haga lo más posible, la persona no puede hacer porque su jefe no le deja hacer.

¡Qué gusto da, en cambio, cuando uno es atendido por alguien que  tiene capacidad para tomar decisiones encaminadas a prestar un mejor servicio, tener clientes más satisfechos!

Te pongo un ejemplo:  voy a la tienda de deportes Moya a comprar unas raquetas de tenis y pádel. Las que tenía me fueron robadas por los cacos del maletero de mi coche.

La vendedora me recomienda y me hace una oferta definitiva. “Si te llevas las dos, te dejo cada una a 100 €. Ella (su empresa) estaba deseando quitarse de encima dos raquetas que les quedaban de un modelo descatalogado. La vendedora me había razonado previamente las bondades de la raqueta y había tenido la habilidad de detectar  que yo era sensible (soy elástico) al precio y que, en cambio, no iba a comprar la raqueta de Rafa Nadal (es la que más se vende). Así pues, tomó discrecionalmente la decisión de realizar una oferta especial  y así conseguir “colocar” las raquetas que supongo llevaban un tiempo solas a la espera de ser compradas.

Su empresa contenta, ella contenta, yo contento. Todo ello gracias a una organización inteligente que dota de discrecionalidad al vendedor en su relación con el cliente.

Sigo con mi vista a la tienda de deportes Moya. Compré muchas bolas de tenis y un anti vibrador (nada que ver con el sexo, es para evitar el codo de tenista)

Cuando llegué a la caja, la cajera hizo acopio de todo el material y se olvidó del anti vibrador a la hora de decirme la cantidad que adeudaba. Le sugerí que me lo regalara (“me lo puedes regalar, si quieres”, le dije medio de veras, medio en broma). Y ella me contestó: “pues te lo regalo.”

Dos días después estaba otra vez allí.

Conozco a mucha gente capaz, muy capaz que cobran mucho más que las vendedoras  de Moya y que nada pueden hacer por su empresa más que cobrar a final de mes.

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Señoras Marcas

Todavía no he encontrado un publicitario que le guste el anuncio que defiende las marcas que hace unos meses hicieron de forma mancomunada las más importantes marcas españolas.

Todavía no he encontrado una persona de mi entorno que recuerde el dichoso anuncio.

Así pues, después de este muestreo parece que el anuncio es malillo. Pero sobretodo es un anuncio sin sentido común.

¿Qué hacen mogollón de marcas pataleando y gritando que ellas son las que nos van a asegurar el progreso y el futuro?

Señoras Marcas: yo voy a seguir consumiendo Coca Cola y Aquarius, por decir un algo. Y lo haré no porque me llevé bien con algunos de sus empleados y directivos ni porque me vayan a asegurar que la bebida de Mercadona va a destruir nuestra economía. Las voy a consumir porque me gustan más y he descubierto que además Coca Cola y Aquarius son marcas que me caen bien, las defiendo..¡coño! hasta en cierta medida las quiero. Y esto de que me lleve un litro y medio de Aquarius por el precio de un litro me ha sentado muy bien.

Marcas

En cambio consumo gelatina de Mercadona, pan de molde de Eroski y hasta los cereales me los tomo de los Hacendado (Mercadona). Están más buenos, son mucho más baratos. Denme, por favor, una razón para cambiar mi forma de consumir. No me importará hacerlo. Pero, por favor, no me hagan creer que estoy poniendo en juego el futuro de nuestro país, que las marcas aseguran el progreso y la innovación.

Humildemente les sugiero mejores razones, señoras marcas.

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