RE, ¿te atreves, Rajoy?

Estamos en época de RE-cortes y los del Partido del Sentido Común hemos acudido a la página web de la RAE y hemos introducido en el buscador la susodicha y RE-petida palabra.
Hemos encontrado varias acepciones y las dos que nos han parecido más adecuadas para los RE-cortes son las siguientes:
1. Cortar o cercenar lo que sobra de algo.
3. tr. Disminuir o hacer más pequeño algo material o inmaterial.

La mayoría estamos de acuerdo en que es necesario RE-cortar antes de tener que RE-hipotecarnos de por vida y hacer que una economía rica como la nuestra no se parezca a lo que por fatalismo geográfico (en nuestro caso oportunismo geográfico) nos corresponde.

El principal temor de los RE-cortes es la progresiva jerarquización de nuestra sociedad, que nos encamine a una sociedad con más ricos y muchos más pobres.

Para que nuestro país sea un país en el que apetezca vivir (eso es lo que queremos todos) es necesario promover política que permita RE-distribuir.
Los del Partido del Sentido Común queremos darle la misma oportunidad a ambas palabras y hemos acudido también a la RAE..

1. tr. Distribuir algo de nuevo.
2. tr. Distribuir algo de forma diferente a como estaba.

Cualquier sociólogo que se precie sabe que el mundo avanzará en la medida que sepamos proceder a una inteligente RE-distribución de la riqueza. Eso no significa que todos ganemos igual, que los incentivos desaparezcan..pero sí significa que no es necesario que unos tengan tanto que no saben qué hacer con ello (aparte de contarlo) y otros tengan brazos, piernas, ganas..pero tengan que mendigar o malvivir.

A un partido de derechas se le supone defensor de los ricos y no tanto de los desfavorecidos. A un partido de derechas se le supone más cerca de liberalismo que del intervencionismo del Estado.

A un partido del Sentido Común se le supone defensor de todos y centrado en la única idea de hacer que el país que se gobierne sea el sitio ideal para aquellas personas que quieren trabajar honradamente y participen colaborando como buenos ciudadanos. A un partido del Sentido Común se le supone sobretodo defensor de los derechos de aquellos que honrados y trabajadores son, además, desfavorecidos.

A un partido del Sentido Común le gusta más el liberalismo que el intervencionismo, pero sin que ello signifique gobernar sin gobernar. Un Gobierno interviene para con-vencer a sus ciudadanos y para RE-gular las relaciones entre ellos.

Y una forma inteligente, necesaria es RE-distribuir la riqueza de un país rico cada vez lleno de más pobres.

Rajoy, ya has hecho un RE, ahora te toca otro, ¿te atreves?

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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Fatalismo geográfico

Supongo, solamente supongo, que las fronteras son tan necesarias como sé que son arbitrarias. Nos hemos acostumbrado a las fronteras: cada territorio está bien delimitado y los habitantes sienten que su identidad está asociada al mismo.

Son los que mandan sobre los pueblos, los que les dicen a sus súbditos que su territorio o identidad está en peligro y que hay que atacar a otros para expandirse. Lo mismo sirve para unos límites geográficos como para un pensamiento religioso. En cualquier caso, tanto la frontera geográfica como la religiosa es arbitraria: es así como bien podría ser de otra manera.

Lo curioso es que el hecho de que nazcamos en un sitio o en otro lo convertimos en parte de nuestro patrimonio, lo metemos en nuestro activo o pasivo (depende dónde hayas nacido). Los que han nacido en un sitio rico dicen que ese cacho de espacio es suyo, los que nacieron en un sitio pobre, les gustaría decirles a los ricos que deberían darse cuenta que allí donde ellos nacieron las cosas están muy mal y que, por favor, hagan un hueco o pasen un poco de su fortuna. Me temo que es un asunto muy complicado y que mientras los ricos no se hagan responsables de su condición, las cosas pintan mal.

Nacer en Haití o en Tanzania es muy diferente que nacer en España o en Japón. Es una cuestión de suerte: es puro fatalismo geográfico.

Hay quien se olvida de que no ha hecho nada para merecer haber nacido en un sitio en otro. Hay quien se olvida que la frontera es pura arbitrariedad y que la identidad está en las personas, en la propia indisolubilidad del ser humano. Que la identidad del pueblo es propia de las manadas. Siempre hay suficientes pastores dispuestos a dirigir a rebaños.

Cuando era adolescente jugaba de tanto en cuando con una chica al tenis. Dejé de jugar con ella porque me dio asco. Fue el día que tras nuestro partido de tenis volvíamos en coche por un barrio más desfavorecido del que en el que nosotros vivíamos y me dijo refiriéndose despectivamente a unos chavales como nosotros: “mírales, para que después digan que no hay clases”. Su frase desprendía superioridad, la del dinero de sus padres.

Ella forma disciplinadamente de parte de un rebaño y jamás entenderá que es eso del fatalismo geográfico. No le interesa.

¡Viva el Partido del Sentido Común!

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